A la búsqueda del medio tono

Queridos compañeros:

Aunque muchos de vosotros tenéis experiencia de sobra, comparto de nuevo un caso real, el making of de las cubiertas de la obra La escalera de Jacob, del escritor César Vidal, por si os sirve para coger pequeñas “ideillas” cuando os toque realizarlas. Como suelo hacer de manera habitual, le pedí al autor y al editor encargado del libro que me orientaran con  un briefing, en este caso me remitían a palabras clave: “niño”, “gueto de Varsovia”, “Segunda Guerra Mundial”, “Polonia”…

Estuve trabajando con varias ideas que deseché al recibir la propuesta del texto de contraportada, que rezaba así:

“Varsovia, 1942. Jacob, un niño judío, habita en las calles del gueto, donde fue confinado junto con su tío Menahem por los nazis, tras verse separado de sus padres y hermano en el fragor del conflicto que asola Europa. Para vencer las extremas penalidades que conlleva la vida en el gueto, Jacob comercia y trapichea como puede con los más variados enseres y objetos. A su todavía corta edad, ha hecho del contrabando a baja escala su medio de supervivencia. Siempre que puede, ayuda también a dos hermanas huérfanas, Esther y Sara, a quienes lleva casi a diario un trozo de pan, una patata o una simple pero muy preciada zanahoria.
El pequeño Jacob tiene un peligroso y cruel enemigo en Daniel, uno de los policías elegidos por los nazis entre los propios judíos para pastorear a la comunidad caída en desgracia. Pero encontrará también un valioso y providencial aliado en el doctor Korczak, intelectual eminente y hombre de buen corazón, que se ha convertido en benefactor de más de doscientos niños, a los que acoge y alimenta en una suerte de orfanato; un islote de paz en medio del horror. Sin embargo, lo que Jacob y el resto de los habitantes del gueto desconocen aún, es que el principal jerarca de las SS, Heinrich Himmler, ha decidido zanjar para siempre el problema judío mediante un plan denominado la Solución Final, que pretende llevar a efecto en breve.”

Esto situaba mucho más la acción; aún así, preferí acceder al texto y leerlo con detenimiento (no siempre se puede, por falta de tiempo o porque piden las cubiertas mucho antes de tener el texto cerrado, para iniciar la promoción, pero lo ideal es poder leer al menos una parte). De la lectura entresaqué algunas ideas claras de lo que quería, anoté algunos de los párrafos, y me arriesgué a hacer algo relacionado con este que os cito:

“El rostro del muchacho se ensombreció como si en ese preciso momento el cielo se hubiera cubierto de nubes. Sí, era obvio que tenía hambre y no solo de un día. Lanzó una mirada hacia las patatas y, lentamente, como si le dolieran mucho los pies, comenzó a caminar.
—Espera —dijo Jacob con voz condescendiente—. Dame la chaqueta que tienes puesta y llévate las patatas.
El joven se volvió al escuchar a Jacob con una luz de esperanza reflejada en los ojos.
—¿Esta chaqueta? —preguntó, tocándose la solapa con la diestra.
—Pues claro, ¿cuál va a ser? ¿La de tu rabino? —respondió Jacob a la vez que arqueaba los ojos con gesto indulgente.
El muchacho se quitó la prenda y se la tendió a Jacob.
—Vale, coge las patatas —dijo Jacob mientras echaba mano de la chaqueta y se ponía en pie.
Comenzó a ponérsela mientras caminaba. La verdad es que, si bien se miraba, el día no había resultado tan mal. Había liquidado los restos de la última incursión a los barrios arios, se había hecho con aquella chaqueta que, dicho de paso, era muy suave y calentita, y hasta había realizado una buena acción. No todas las jornadas acababan así… por desgracia”.

Tenía claro lo que quería. Los editores solemos usar en la cubiertas muchos de los códigos que están normalizados en nuestra cultura, los relacionados con el color y los tonos no son una excepción.”Segunda Guerra Mundial” nos remite, de forma casi automática, a escenas en blanco y negro o, si acaso, coloreadas; escenas texturizadas (qué horror de palabra) y envejecidas por la pátina del tiempo. Imágenes que forman parte de nuestro imaginario (valga) cultural y que hemos visto de forma consciente o inconsciente millares de veces en cine, documentales, y por supuesto libros.

Ya tenía experiencia, recordé una cubierta que hice relacionada con el tema, un libro fantástico que se titula Hetty. Un historia real. Ya veis: Medio tono, grises, sepias, una buena pátina y un toque de rojo, que todo lo puede:

Cubierta_Hetty_15mm_151013.indd

Empecé con la búsqueda: Necesitaba un chico moreno (el color de pelo era lo de menos, porque se puede colorear, pero puesto a elegir…), quizás con una gorra,  una chaqueta… pero todo de 1942. Comencé a buscar fotografías históricas, había muchas, pero en casi todas los niños aparecían en grupo y sonriendo, no quería una Hetty feliz, sino un Jacob bien serio, eso tampoco era un problema con un buen retoque fotográfico… y en la búsqueda (sólo pasa una vez de entre 100) di justo con lo que quería:

Jacob 00

La fotografía era estupenda, un buen retrato con claroscuros en el rostro, la mirada fija en los botones, la fantástica chaqueta, esa nariz redondeada cuasi judía… solo quedaba ponerse manos a la obra. Primero eliminar ese fondo barroco y pesado, para, llegado el momento, poner el escenario que más nos interesara, aproveché para afinarle la cara (Jacob pasaba hambre) y aumentar ligeramente las ojeras (síntoma de desnutrición):

Jacob 01

La corbata, obviamente, estaba fuera de lugar, así que busqué una tela que ensucié un poco:

Jacob 02

En busca del medio tono coloreé la camisa, ensucié también los puños, y entoné la chaqueta que tanto me gustaba, de esta forma:

Jacob 03

Acabé manchando la cara y las manos, amarilleando ligeramente el rostro:

Jacob 04

Ya tenía lo más complicado, había encontrado un Jacob contemporáneo y había construido un Jacob de 1942. Ahora había que colocarlo en su lugar, un escenario callejero que acompañara la acción, lo cierto es que fue más difícil de lo que pensaba. (Cuando se usan fotografías con fines comerciales, como es el caso, han de tener buena calidad técnica y artística, los permisos pertinentes y, sobremanera, has de ajustarte a un exiguo presupuesto; es decir, no todo está disponible, por falta de tiempo para conseguir los derechos o por falta medios económicos).

Estaba dispuesto a  sacrificar el escenario si el editor me daba el visto bueno (muchas veces es imposible ajustarse al 100% a la narración y nos permiten licencias creativas si no nos pasamos demasiado); pero no quería perder a Jacob de ninguna de las maneras. De nuevo la búsqueda dio resultado, encontré una imagen de una calle del gueto de Varsovia, con el muro de ocho pies al fondo que lo delimitaba… era perfecta para Jacob:

Jacob 04b

Lo coloqué cuidadosamente, dejando espacio en el lienzo para los textos de mención de autor, título y frases promocionales que el argot llamamos tags de cubierta. Como veis, tuve que alargar las fachadas de los edificios del primer plano, para que los cortes no se parecieran demasiado artificiales:

Jacob 06

Había que continuar, ya iba pareciéndose a lo que queríamos. Decidí trabajar con el tamaño de lienzo final, para ir haciéndome una idea de como quedarían los textos, aplicando una pátina y fusionando el perfil de los edificios con el fondo:

Jacob 07

Un poco de atmósfera “neblinosa” y una mancha de luz para que los textos destaquen. Hay que tenerlo siempre en cuenta. La mención al título y al autor debe ser muy legible:

Jacob 08

Y, bueno, aquí la tenéis con los retoques finales de color para que gane en dramatismo y los textos incorporados… que darían para muchas entradas en el blog, pero que se queda fuera de la asignatura. En cualquier caso, ¡viva el color!, incluso cuando está casi ausente.

Un abrazo a todos.

Sobrecubierta_La Escalera de Jabob_20mm_080416.indd

 

 

 

 

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